Alguien tenía que hacerlo
Annabella nace de un lugar personal, del impulso por hacer las cosas mejor —y de forma más natural— que nunca antes. Nos dedicamos a ayudar no solo a las madres, sino a familias enteras. Y a mejorar vidas cada día y en muchos niveles. Con el único sacaleches que imita la lengua del bebé, ofrecemos una tecnología inigualable y una pasión inquebrantable por nuestro propósito.
La chispa
Nuestra historia comienza con Masha Waldberg, madre primeriza de una niña llamada Annabella. Con ganas de aprender todo lo posible sobre bebés y lactancia, Masha pronto se topó con un problema: ningún sacaleches, en ningún lugar, funcionaba bien. El proceso siempre era difícil y la sensación nunca era natural.
«Como amante de la tecnología», dice Masha, «lo único que quería era un sacaleches que hiciera lo que se suponía que debía hacer: extraer leche de forma eficiente».
En su lugar, descubrió que, desde sus orígenes en el siglo XIX, los sacaleches se habían basado en máquinas de ordeño de vacas como modelo, y que seguían utilizando el mismo principio de “vacío” de los años 1800. (En serio).
Como mínimo, era confuso y frustrante.
It was confusing and frustrating, to say the least.
El salto
Tras una investigación y un estudio interminables, Masha y su marido Senia —su compañero en cada paso del camino— se propusieron imprimir en 3D un sacaleches que funcionara de forma más natural. Fue una experiencia humilde y requirió mucho más tiempo y energía de lo que esperaban. Pero también fue inspiradora: una revelación sobre las posibilidades de hacerlo mejor.
Junto con el cofundador Ron Edelman, iniciaron un proceso de investigación adicional, desarrollo y pruebas de nuevos modelos. Durante seis meses, cada día Masha acudió a diferentes grupos de madres para aprender más sobre cómo debía funcionar un sacaleches más natural y eficaz.
En 2017, mientras el grupo seguía ocupado criando a sus hijos pequeños y trabajando a tiempo completo, Senia compartió un vídeo del prototipo de Annabella en Facebook, y la respuesta fue abrumadora. La gente estaba intrigada y entusiasmada. Querían saber más. Y no eran solo madres. También padres y abuelos. Eran médicos y enfermeras.
Con la incorporación del fundador adicional y CEO Uri Yaffe, el equipo siguió avanzando, sumando a muchas más personas —desde desarrolladores hasta madres voluntarias para pruebas— y dando forma a lo que se convertiría en una marca que cambió las reglas del juego.
De ahora en adelante
Annabella ha recorrido un largo camino desde aquellos primeros días de desarrollo. Hoy somos una empresa consolidada con un equipo estructurado dedicado al desarrollo de productos médicos para el consumidor. Nuestra línea de producción a gran escala ofrece garantía de calidad y una cadena de suministro de primer nivel, y cuidamos meticulosamente cada parte del proceso. Nuestros productos han superado todas las pruebas requeridas, cuentan con la aprobación de la FDA y ya han alcanzado un gran éxito en Israel.
Ya no somos solo una joven pareja con la pequeña Anya. Pero nuestro objetivo original sigue siendo el mismo: introducir productos innovadores que hagan la vida de las madres —y de quienes las rodean— más fácil y mejor.
Esto significa no asumir nunca lo que la gente necesita. Cada persona es única y tiene necesidades individuales. En Annabella, nos tomamos muy en serio todas las opiniones y nunca restamos importancia a lo que nos dicen nuestras madres (y padres). El resultado: productos más naturales que nos ayudan a todos a llegar más alto.